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Baby Got Back. {Hanami}

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Baby Got Back. {Hanami}

Mensaje por Invitado el Dom Ago 12, 2012 6:17 pm

Las calles que envolvían el edificio de Aoi Bara eran completamente diferentes de lo que yo me esperaba. Me había acostumbrado a vivir en unas callejuelas que estaban sucias, con suerte no te encontrabas un charco de mugre en el suelo, y estas, estaban perfectamente limpias y sin ninguna imperfección. Eso sí, de vez en cuando te encontrabas con un vagabundo durmiendo en un colchón de cartón que te hacía dudar si era cómodo o no. Yo, como ahora tenía un poquito de dinero, les daba lo que podía a esos hombres, porque había pasado por lo mismo que ellos, y les comprendía perfectamente. Quien me viera y quién me ve… Llegué ayer mismo al instituto nuevo, y antes de darme una vuelta por la construcción, decidí que sería buena hora para reconocer lo que me envolvería. Hoy era sábado, los alumnos podían hacer lo que quisieran siempre que regresaran a tiempo para comer, cenar y dormir. Era lo único que pedían. Lo que más me sorprendía, era que iba solo por ahí, sin la compañía de mi mejor amigo Mo. Todo era sencillo. Él quería hacer otras cosas de las que me apetecían a mí, y como amanecí sin mi típica cabezonería, no puse objeciones. Había que añadir que no se despidió de mí sin antes haberme dado un buen abrazo de oso, de aquellos que me levantaban del suelo dos palmos por mi peso increíblemente ligero. No sería el mismo si mi amigo no hiciera ese tipo de gestos conmigo. Nos conocíamos desde la tierna –o no tanto- edad de 13 años, y él con 16. Todavía me seguía intimidando su altura y su superioridad, ya era mayor de edad porque tiene 18 años, y prácticamente, puede hacer lo que quisiera, mientras cargaba conmigo como su típico hermano pequeño. Era al único que le permitía llamarme “Duende verde” porque tenía otros motes más cariñosos. Esos pensamientos me hacían andar con una sonrisa boba en mis facciones, y tan ensimismado estaba que me choqué contra algo duro. Resultaba que era una farola. ¡Por mis legos! No me había dado cuenta que se había puesto en mi camino, estaba ahí colocada para que yo me golpeara, segurísimo… El choque provocó que me cayera de bruces al suelo, y me escociera terriblemente la frente. Dudaba si me saldría un chichón o no. Con mis manos, me recorrí toda mi cara, tocándome la nariz respingona que poseía, para ver que no me la había torcido y nada parecido. No pude evitar volver a sonreír de nuevo, y hablar en voz alta conmigo mismo.

- Bien, creo que estoy vivo.

Gente que pasaba puntualmente por allí se me quedaba mirando, como diciéndome sin palabras si estaba cuerdo. Había aprendido a vivir con ello, y las ignoraba como gesto mecánico. Mis pintas, ese día, eran las típicas que tenía en mis años mozos de bailarín callejero. La camisa de múltiples colores, parecido a un arco iris aunque más suavizado, mi pañuelo negro y rojo con el jugaba a los ‘vaqueros’ con Mo, los pantalones negros y la correa verde fosforito colgando por detrás. Me levanté de un ágil salto, para mí eso no significaba nada, y observé satisfactoriamente como algunas personas volvían a mirarme. Les saqué la lengua de manera juguetona, y continué mi camino. Esquivaba a la gente con facilidad, apartándome de su trayectoria atareada y cargados con un montón de bolsas. Hay, la gente de hoy en día… Y volvía a recordarme a un abuelo. ‘Glitch, que simplemente tienes 15 años.’ Me recordó mi vocecilla interior, a la cual mandé callar, importándome bien poco lo que me dijera. Hacía lo que quería y así continuaría.

Llegué a un parque, pero para nada era infantil, más bien, era para raperos, skaters, y todo ello. Había rampas con grafitis pintados en ellos, y los que cantaban lo hacían de maravilla en una esquina, parecía una batalla verbal. Varias bandas me dirigieron una mirada desinteresada, se fijaron en mi ropa, y parece que me aceptaron. No me tiraron ni nada parecido. ¿Me habrían considerado apto? Entonces sería perfecto, quería bailar, la música me incitaba a ello, y me llamaba a gritos. A paso algo tímido pero decidido, me acerqué a la banda de raperos, que tenían un reproductor, y de los antiguos. El jefe salió entre los hombres, cruzado de brazos y con una mirada severa. Su voz era grave y autoritaria, para cuando habló. Tragué saliva.

- ¿Qué quieres, niño? –Comenzábamos mal. Odiaba que me llamaran así.-

- Me gustaría bailar, con cualquier canción que tengáis en vuestra radio. –Recibí miradas desaprobatorias- Os demostraré que merecerá la pena robaros unos minutos.

- Hm. –El tío se volvió hacia sus compañeros, intercambió un par de palabras, y después, volvió a fijarse en mí, esta vez con otros ojos. A mí se me iluminaron.- Bien, pero si no es de nuestro agrado… La pagarás.

- No os defraudaré.

Hice el saludo militar, ganándome un par de risitas entre los miembros de la banda, que fueron silenciados con la mano del jefe. Dios, sí que imponía el chaval… Encendieron la radio. Una sonrisa adornó mi boca, como a un infante al cual le habían regalado caramelos nuevos. Era Baby Get Back, con suerte me la conocía y había ensayado varios pasos con mi grupo de baile. Típica de raperos, que intentaban dar una apariencia dura. Sin ninguna palabra, se apartaron para dejarme espacio, y yo, empecé a bailar la coreografía. Los primeros pasos bien, aunque después tuve que improvisar. Era un niño prodigio, según me decían, a mi corta edad y bailando de esa forma, con tantos movimientos difíciles. Comencé a escuchar sonidos de asombro, y con el rabillo del ojo, vi a gente que venía de las calles y se sorprendían de ver a alguien bailar la música de los ‘machotes duros’. Entre ellos, había una chica con el pelo naranja que me llamó la atención, y a duras penas conseguí mantener la concentración hasta el final. Para cuando terminé, me derrumbé en el suelo tras hacer la pirueta que indicaba que había terminado. Recibí comentarios halagadores, y me dejaron pertenecer allí un rato más hasta que me sintiera recuperado. Aunque, la chica que había visto antes, se acercó a mí. Yo, desde el suelo, le dediqué una sonrisa agotada al mismo tiempo feliz, y la dejé hablar.


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Vídeo del baile (Aconsejable si quieres continuar el rol. :3]


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Re: Baby Got Back. {Hanami}

Mensaje por Kusakabe Hanami el Dom Ago 12, 2012 10:53 pm

-Ah.... Que aburrido... -Fueron las únicas palabras que pronunció. Nuestra querida Hanami se encontraba acostada en su cama, mirando hacia el techo, abanicándose con un abanico de papel que había hecho hace un par de minutos atrás a causa del aburrimiento. Que desgracia la suya, eran como las 5 o 6 de la tarde, ni si quiera tenía la noción del tiempo, y ella estaba ahí, acostada en su cama, sin moverse, sin hacer nada, completamente aburrida. Su compañera de habitación se había ido con sus padres a... ¿China? No recordaba, ni tenía ganas de hacer memoria en ese momento. Como le gustaría estar en ese preciso instante haciendo cualquier cosa, jugando videojuegos, haciendo bromas, comiéndose un helado o cualquier cosa. Pero nooooo, estaba ahí, petrada en su cama como si del techo le fuera a caer algo que la ayudara a salir de su habitación y hacer algo productivo. De hecho, así fue, más o menos. De repente, del techo empezó a caer polvo o un tipo de piedritas muy pequeñas. ¿Qué rayos era eso? Alza la mirada, cubriéndose con el abanico que tenía en manos para que no le cayera de esa basurita. Resulta, que los del piso de arriba estaban haciendo un tipo de fiesta con unas enormes bocinas, ¿cómo lo sabía? Porque había un ruido que te dejaba sordo, incluso estando un piso abajo. Suspira y se hace un lado, sentándose en el borde de su cama y mirando hacia la ventana y luego hacia el techo. Ya no lo soportaba más, tenía que salir de ahí antes de que su habitación se derrumbara. Rápidamente se metió al baño, se arregló un poco el cabello, que por cierto estaba hecho un desastre, se puso una blusa color naranja, un pantalón jeans algo apretado y unas zapatillas converse color negra. Osea, se puso lo primero que se encontró y se apresuró a salir de la ruidosa habitación.

Por dentro empezó a maldecir a sus vecinos de arriba, por haber interrumpido su aburrida tarde en su incómoda cama con el abanico de papel que no funcionaba bien porque tenía un hueco en todo el centro. Pero... Ahora que se ponía a pensar bien en eso, debía agradecerle a esos chicos. La habían ayudado a salir de su habitación, que también estaba hecho un desastre. Bueno, eso ya no importaba. Salió del Instituto y empezó a caminar en dirección a las calles, que prácticamente se las conocía de arriba a abajo, y de un lado a otro. Mira todo a su alrededor, nada había cambiado. Todo como lo conocía estaba en el mismo lugar, ¿qué esperaba? Suspira. Quizás hasta salir era más aburrido que estar en su cuarto, pero bueno, ya estaba afuera y tenía que buscar algo interesante que hacer.

Mientras camina mira hacia el suelo y se encuentra con una pequeña piedrita, la cual empieza a patear por todo el camino. La primera cosa que encontró para entretenerse fue una piedrita, vaya, mejor se hubiera quedado en su habitación muriendo de aburrimiento. Siguió caminando, aún pateando la piedrita, hasta que ve como un chico se choca con una farola que había en la calle y se cae al suelo. Se le queda mirando por unos segundos, ¿cómo alguien podía chocarse con una cosa tan inmensa, imposible de no ver en el camino? Se aguantó por el momento la risa y se fijó mejor en aquel chico. Se veía... ¿llamativo? Toda su ropa, hasta su cabello a decir verdad. Wao... ¿Cómo alguien podía vestirse así? Una camisa que parecía ser un arcoiris, un pañuelo color negro con rojo, y una correa color verde fosforescente. Desde ese momento Hanami se dijo a sí misma que lo conocería, no sabía como ni cuando, pero lo conocería de alguna u otra manera. Amaba la gente diferente y no normal, por desgracia ella era una de esas personas ''normales'', quería volverse alguien que llamara la atención pero siempre fallaba en su intento. Bueno, se conformaba con conocer gente ''diferente'' y volverse su amiga, como ya había pasado con tal personita.

Observa como ese chico se levanta de un salto, lo cual la deja aún más sorprendida. Tenía que conocerlo, con tan solo verlo podías decir que era una persona inigualable. Con algo de dificultad empezó a seguirlo, ya que el chico era muy rápido y ágil esquivando la gente, en cambio ella se la pasaba tropezándose con los demás y a cada rato tenía que disculparse y volver a seguir a ese chico. Al final, el chico se detuvo en un parque, pero ese parque era diferente a los demás. Estaba lleno de raperos, skaters, bailarines, de todo un poco. Quedó maravillada pero se mantenía algo alejada, con miedo a que esas personas la miraran con desaprobación o hasta al sacaran del parque.

Escondida detrás de un árbol empezó a ver lo que hacía el pelinegro. Al parecer se puso a hablar con una banda, más bien con el jefe de esta. No podía escuchar lo que decían, quería saber pero le daba miedo acercarse así que se quedó con las ganas. Pronto pudo observar como el chico empezó a bailar, cosa que hacía muy bien. Al ver como la gente empezó a rodearlo también se acercó para poder ver mejor, pues desde su escondite podía ver a duras penas.

Corrige lo que había dicho antes, no bailaba bien, bailaba super bien! Wao, algún día tenía que aprender a bailar así, cosa que veía imposible pero no tenía nada de malo soñar. Los pasos que hacía ese chico se veían tan complicados y cools a la vez, ahora sí estaba decidida, conocería a ese chico aunque fuera lo último que haga.

Al ver como se tira al suelo cuando la música acaba en señal de que había terminado, sin pensarlo dos veces se le acerca con una sonrisa y le ofrece una mano para ayudarlo a levantarse- Wao... Tienes que enseñarme esos pasos -Menciona con una sonrisa y suelta una pequeña risa, fue lo primero que se le ocurrió decir. De una bolsa de plástico que llevaba saca una botella de agua que estaba a más de la mitad, que había comprado momentos antes de ver al chico golpearse con la farola. Le ofrece la botella, esperando que la acepte pues suponía que estaba cansado después de haber bailado de una manera tan animado y con unos pasos tan difíciles.
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Re: Baby Got Back. {Hanami}

Mensaje por Invitado el Lun Ago 13, 2012 1:09 am

La pirueta que hice hacia atrás fue el movimiento final, que me hizo caer de nuevo de culo al suelo. No me acordaba de que agotara tanto. Aunque eso sí, recuerdo los primeros días, en los cuales no había nadie que me pusiera a bailar las difíciles coreografías que Mo montaba. Después, fue para cuando comencé a descubrir mi verdadera pasión, y por mucho que sudara, no me quejaba. Ahora muchísimo menos, tenía un pequeño público en las calles que muchos me tenían como su ídolo, los sorprendía espiándome y sin atreverse a acercarse a mí por miedo. Y yo me reía, tan carismático y modesto como era, me quitaba mérito y hablaba con ellos como personas normales. No veía problemas, tanto chicos o chicas. Y esa de cabello naranja… ¿De qué me sonaba? Arrugué un poco el entrecejo, como si me costara demasiado recordar lo que había hecho momentos antes. Sí, era así de idiota y tenía una memoria de pez. ¡Ah, ya! Cuando me pegué el golpe contra la farola entrometida, entre toda la gente que se reía y se entrometía en asuntos donde no los llamaban, resaltaba como el fuego, de una manera que nunca había visto en una chica. Sí, admito que soy homosexual, aunque eso no implica que me pueda fijar en mujeres y admirarlas por cosas que hacen. Y ella me había sonreído, y de paso me había tendido la mano para que pudiera levantarme con facilidad. Como era bastante malo para ocultar mis sentimientos, mi boca se curvó hasta tener forma de una pequeña ‘o’, sin creérmelo todavía. Se la acepté, agachando un poco la cabeza en señal de agradecimiento. Puede parecer anticuado, y viejo, pero esto me lo enseñaron en el internado en el cual iba y hay cosas, que por mucho que odies, eres incapaz de apartártelas de la mente. Sucedía así. Con la misma agilidad de cuando me pegué el golpe, me levanté del suelo. No pude evitar que mi espalda se curvara como un gato al hacerlo, sería un exceso de flexibilidad, supongo. Mirándola a esos ojos de un color indefinido, me habló. Y prácticamente como gesto mecánico, una sonrisa feliz adornó mis facciones, recordando a un niño feliz. ¿Lo era? Que se atrevieran a decírmelo y ya verían donde acabaría ese mote incordioso… En fin, dejando todos esos pensamientos aparte, cogí aire antes de hablar, porque tenía la certeza de que hablaría bastante entrecortado, y aquello no es muy agradable.

- ¿A sí? Cuando quieras te los enseño, en realidad son muy sencillos si les coges la práctica. A mí la gente me mira diciendo ‘¿Cómo un niño tan joven puede bailar de esa forma?' Pero luego se desengañan al saber mi edad real… -Dije con otra sonrisa satisfecha curvando mis labios. Me deshice de mis pensamientos agitando la cabeza.- Lo siento, no te conozco y ya te cuento mi vida…

Me disculpé como gesto mecánico. ¿Desde cuándo era tan educado? ¿Y por qué no paraba de pensar o decir la palabra ‘cuando’? Ay, supongo que misterios de la vida. Observé como sacaba de una bolsa de plástico una botella de agua, a mí se me iluminaron los ojos como un perrito, de la sed que tenía y que ahora se hacía notable en mi garganta, escociéndome un poco, y que me la secaba. Carraspeé como digno presidente en mitad de un discurso, y tuve que anudarme un poco el pañuelo por si acaso. Podía coger un resfriado y eso no era bueno si me impedía bailar. A no. Su gesto me volvió a alegrar, porque me la tendió para que la bebiera. Era una buena samaritana, apenas habíamos intercambiado dos palabras y ya me daba una botella de agua para poder beber. Eso significaba mucho, era el primer paso de nuestra épica amistad. ‘Corta el rollo teatrero, anda.’ Comentó mi voz interior, siempre cortando el rollo. Agité un poco la cabeza y tomé el envase, tragando bastante y el resto echándome en la cara, humedeciéndomela y de paso los cabellos. Era lo que necesitaba. Mi pañuelo, que era multiusos, lo utilicé para secarme la cara, y al fijarme que había vaciado la botella que la chica me había tendido, la miré con ojos abiertos como platos, y tremendamente disgustado. ¿Por qué me tienen que pasar estas cosas?

- Lo siento lo siento lo siento. –Lo solté repetidamente y rápido, un poco nervioso- Me has dado tu botella y el tonto de mí la utilizó toda… Prometo que compraré otra para compensarlo.

Faltaba que me pusiera de rodillas en el suelo y suplicara su perdón, aunque mi lado racional me decía que ya había hecho bastante el ridículo por hoy. Pero, como no tenía sentido del ridículo… Podía hacerlo todo lo que quisiera. Iba a presentarme a la chica desconocida, aunque habían unos chicos que me interrumpieron. Dos, de piel morena, tal vez de la banda y que habían estado observándolo todo desde cerca. Y que no me hubieran hablado antes porque su macho jefe les imponía demasiado. Ay… Como los comprendía. Uno me puso la mano en el hombro, debido a que era bajito, tuve que levantar la mirada para quedarme con su mirada. Hice un gesto con la mano a la chica de que esperara unos segundos, no quería ser descortés. Tampoco me aparté del sitio, no me importaba que me escuchara y no tenía mala intención. Asintiendo con la cabeza, permití que hablaran.

- Oye… ¿Tú perteneces a algún grupo? Porque nos encantaría que te unieses al nuestro…

- Es cierto, lo haces muy bien, y tal vez con unos arreglos con el jefe estaría bien. –Terminó el otro. Mis ojos esmeraldas los miraban alternativamente, y de tanto hacerlo, me mareé. Acabé mirando únicamente a uno de ellos.-

- Lo siento mucho, pero ya estoy en uno. Se llama ‘Hi-Def’. Aunque me vendré a visitaros de vez en cuando, me ha gustado vuestra música.

- Entonces genial, tío.

Y ambos me obligaron a que les chocara la mano como típicos amigos. Me quedé perplejo, si no los conocía de nada… Mira si me quedé sorprendido, que se me olvidó todo lo que pensaba contarle a la chica, e incluso olvidé mi nombre. Balbuceé en un principio.

- Oh… ¿Qué te iba a decir? Que dejara de decir lo siento no... ¿Entonces? -Y esbocé un puchero-

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Re: Baby Got Back. {Hanami}

Mensaje por Kusakabe Hanami el Vie Ago 17, 2012 1:27 am

Aún podía ver al chico en el suelo, mientras le dedica una amable sonrisa. Podía ver todas sus expresiones, ver como su boca se abría haciendo una forma parecida a la letra ''o'', cosa que no entendía bien por qué hizo. También pudo ver como arrugó un poco el entrecejo, como si estuviese tratando de recordar algo. En sus adentros suelta una risita, ¿en qué estaría pensando ese chico? Se veía divertido haciendo todas esas expresiones aún en el suelo. Al final aceptó su mano, cosa que le hizo esbozar una leve sonrisa. Empuja por la mano al chico con suavidad para que se pudiese levantar, pero en realidad no tuvo que hacer mucho esfuerzo ya que el contrario se había levantando con la misma habilidad de la vez en que se chocó con esa farola. Segundos después de que se levantara pudo escucharlo hablar. Lo primero que dijo hizo que se emocionara y volviera a esbozar una sonrisa- ¿Enserio me los enseñarías? Sería genial! -Exclama con una alegre sonrisa mientras mira al chico con emoción, de verdad le gustaría poder bailar de esa forma algún día. Por un momentos se imaginó a ella bailando esos pasos tan complicados, cosa que vio muy improbable. También se imaginó a sí misma bailando y tropezándose al bailar, cosa que la hizo soltar una risita casi inaudible. Vuelve a fijar su vista en el pelinegro, aún escuchando sus palabras. Ladea su cabeza con curiosidad, al escucharlo mencionar ''un chico tan joven''. Ahora que se ponía a pensar, ¿cuántos años podía tener ese chico? Lo mira de arriba a abajo, manteniendo su mirada llena de curiosidad, y saca una conclusión: el ojiverde, ciertamente, se veía muy joven. Hasta podía jurar que era menor que ella. Bueno, después le preguntaría su edad, y para qué quería saber su edad si ni su nombre se sabía. Lo escucha disculparse y lo mira medio confundida, ¿por qué se disculpaba? No tenía por qué disculparse, si no tenía nada de malo, por lo menos no para ella- No tienes que disculparte, si no tiene nada de malo -Lo mira, con su imborrable sonrisa en el rostro. Apenas había conocido al chico y el ya se estaba disculpando con ella por cosas sin mucha importancia, según ella. Decidió no tomarle mucha importancia a ese asunto y dejarlo pasar.

Al sacar esa botella de agua de la bolsa plástica, mira de reojo al chico para volver a ver sus divertidas expresiones. Pudo notar como su mirada se iluminaba con tan solo ver la botella, a leguas se notaba que tenía una sed terrible. Le ofrece la botella con una amable sonrisa, como diciéndole que era libre de tomar todo lo que quisiera. Observa como el pelinegro toma la botella y se toma casi todo el líquido en su interior, y el resto del agua se la tira en la cara como para refrescarse. Al verlo hacer eso vuelve y suelta una risita, ésta vez más notoria. Pudo darse cuenta de que el agua en la botella se había acabado, y claro, ¿cómo no darse cuenta si el chico estaba disculpándose sin parar, como si el mundo fuese a acabarse por una simple botella de agua? Niega con la cabeza por las últimas palabras del ojiverde, no era necesario que comprara nada para compensarla, si ella desde un principio había decidido regalarle la dichosa botella de agua!- Oye no te mortifiques tanto por una simple botellita de agua, que desde un principio... -No pudo terminar su frase, debido a que un par de chicos de tez morena se habían acercado al pelinegro. Ellos empezaron a decirle un par de cosas al menor, cosa que la enojó un poco porque ambos habían interrumpido su conversación. Pronto sacó esos pensamientos de su cabeza, no tenía por qué estar enojada si todos tenían derecho a conversar con el. Se aleja un poco, intentando darles privacidad , pero no pudo evitar la tentación de escuchar de qué hablaban.

No podía escuchar muy bien, pero pudo oír algo sobre unirse a una banda. Vaya, al parecer ella no era la única que pensaba que aquel chico bailaba bien pues habían varias personas interesadas en sus movimientos. Después de escuchar eso no le prestó mucha atención a la otra parte de la conversación, así que se puso a mirar todo a su alrededor. Ahora que se fijaba bien, el lugar se veía muy artístico a su manera. Tenía su propio toque, cada pared o incluso hasta el piso estaban llenos de decoraciones hechas a graffiti y habían personas haciendo todo tipo de cosas por todos lados. Algunos estaban rapeando, otros bailando, otros haciendo trucos con patinetas y otros simplemente estaban conversando. Wao, era lo único que podía decir al ver el lugar. Ese lugar era único en su especie, por así decirlo. Como le gustaría poder formar parte de ellos o volverse alguien ''única en su especial'', lastimosamente, era muy... tímida para eso. Suelta un suspiro, algún día, lo prometía, algún día lograría todas sus metas, incluyendo esa de convertirse en alguien ''diferente y única''.

Después de nada pudo ver como el pelinegro volvía a acercársele, haciendo que saliera de sus pensamientos. Vaya, el tiempo pasaba volando, era lo que pensaba Hanami. Escucha al chico hablar y esboza una sonrisa divertida- Te iba diciendo que no te preocupes y dejes de disculparte, desde un principio tenía pensado en regalarte la botella entera así que no te molestes en comprar una nueva -Menciona todo esto con una sonrisa en su rostro, tratando de inspirarle confianza al menor- Consideralo como un regalo por bailar tan bien -Dicho esto guiña un ojo, como diciéndole que no se preocupara más por haberse terminado la botella, como había dicho antes.
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Re: Baby Got Back. {Hanami}

Mensaje por Invitado el Vie Ago 17, 2012 5:18 pm

Me dediqué a sonreírle a la chica con mis mejores y más sinceras intenciones, era bastante alegre y se reía de vez en cuando de... Espera. ¿De qué? Supongo que de mis múltiples expresiones faciales. No paraba de cambiarla, claro, lo que sentía se hacía bastante visible en mi rostro. Desde la más mínima incredulidad hasta la felicidad máxima. Mis instintos, me decían que era una buena persona, podía confiar en ella ya que no me pasaría nada. Y yo los seguí a pies juntillas. Nunca me solían fallar. Bueno… Casi nunca, aunque eso es caso aparte. Además, se le veía. ¡Me había dado su botella de agua! No podría haber una persona mejor. Cuando vi la emoción en sus ojos, por lo de poder enseñarle los pasos de esa canción (que en realidad, eran muy sencillos, sólo había que comenzar por una base fácil y luego ir subiendo de nivel, hasta llegar al difícil, que era en el cual me encontraba yo) a lo que yo correspondí levantando el dedo pulgar indicándola que no faltaría a mi palabra. No era de esa gente, si hacía una promesa, por muy complicada que fuera, la haría indudablemente. Eso me había ocasionado momentos graciosos. Por ejemplo. “¡G, no hablaba en serio cuando te dije que tendrías que tirarte de un puente!” A lo que yo respondía. “¡Demasiado tarde, Mo!” Y todo calmado, me tiraba con una cuerda atada a mi cintura, gritando por sentir la adrenalina corriendo por mis venas. Y cosas parecidas. La mirada de la de cabellos naranjas sobre mí me hizo despejarme de cualquier idea o recuerdo que se me cruzara por la mente. ¿Por qué lo hacía? Tal vez habría caído en mi edad de verdad. Esperaba que no me echara 13 años. Porque eso sí que no lo aparentaba. Dependía del punto de vista, pensé frunciendo un poco los labios, y escuchando sus palabras. Hice varios gestos con las manos, agitándolas en el aire.

- Es una manía, tengo costumbres anticuadas. –Comenté, sacando un poco la lengua por la comisura de mis labios, y frotándome la nuca en señal de despreocupación-

Era completamente cierto, se debía a lo que me enseñaban en el internado en el cual me metieron hace tiempo, y que gracias a los legos salí de allí. Si no, un poco más y ahora parecería un completo abuelo. Con la mano en la cual tenía el guante sin dedos negro, me la pasé por mi cabello, que se encontraba apuntando hacia arriba. Y me lo revolví, para deshacer la dureza de la gomina, quedándose más manejable. Como dudaba que volviera a bailar dentro de un rato, no pasaba nada. Lo tenía mojado, de paso, por el agua que me había tirado encima, y que la pelinaranja se rió por ello. Tendría las facciones graciosas, supongo. Pero, como no aparté mi mirada esmeralda de ella en prácticamente toda la conversación, sentí que no le sentó demasiado bien que ellos interrumpieran nuestra charla. ¿Y a quién no? Otra disculpa amenazaba con salir de mi boca, la reprimí mordiéndome la lengua provocándome un poco de daño, que logré ignorar fácilmente. No debías de hacerlo tanto, me decía todo el rato, ella ya le había restado importancia.

Miré sus ojos, realmente todavía sin saber de qué color eran, me gustaban mucho. Logré escucharla sin perderme en ellos, era un gesto mecánico que tenía, solía quedarme embobado con facilidad en los ojos de las personas, y más si la gente tenía ojos de un color nunca visto. Sus palabras lograron insuflarme más confianza en mí mismo, y me hizo preguntarme, si tenía esa cualidad con todo el mundo. Quería ser su amigo, una persona cercana a ella. Abrí un poco los ojos ante su halago de lo bien que bailaba, y sin querer, mis mejillas cogieron algo de color, no pude hacer nada para evitarlo. Esbocé una sonrisa nerviosa, me solían decir elogios muy a menudo, pero nunca me acostumbraba. Y, cuando les respondía incrédulo, no era para escuchar más y que me subieran el ego, sólo que… No me lo creía.

- Gracias. –Le agradecí tocando el suelo con la punta del pie. Di una vuelta sobre mis talones, dando una vuelta completa. Señalé unas rampas de skate que teníamos enfrente, derrochando energía de nuevo, a pesar de haber gastado bastante en bailar- Vamos, ahí podremos conversar mejor, y te enseñaré unos cuantos movimientos sencillos.

Algo se me olvidaba, no lograba ubicarlo por mucho que me esforzara. Debido a que la superficie de ese parque no era terrosa, en cambio, era un asfalto muy suave y algo resbaladizo, en vez de andar, patinaba con mis zapatos, de vez en cuando haciendo piruetas, como si me encontrara en una pista de hielo, sin perder de vista a mi compañera. Cada vez que hacía alguna de esas tonterías, sonreía de manera infantil a la de cabello naranja. Era un joven de 15 años, mi lado aniñado continuaba presente en mí y creo que continuaría siendo así por mucho tiempo. Al final llegamos, con suerte no había nadie con su patinete o skate, teníamos toda la pista para nosotros, para hacer lo que nos apeteciera. Me reprimí bastante, quería bajar esa rampa de culo, y girando como un molino. De nuevo, mis ojos se iluminaron, típico de un niño con regalos nuevos. En ese momento, mi sonrisa era algo más calmada.

- Mi nombre es Glitch. ¿Y el tuyo? –Bueno, en realidad ese no era mi nombre de verdad, me lo pusieron debido a mis increíbles movimientos de robot que hacía, y creo que si lo traducías en inglés significaba ‘problema técnico’ o ‘interferencia’-

Sabía que tenía otro nombre, aunque con el tiempo lo olvidé, hasta tal punto de que mis profesores del internado también me llamaban de esa forma. Apoyé mis brazos en la barra de metal que impedía acercarse más a la rampa, teniendo la cabeza volteada hacia la chica, que hacía rato que había logrado ponerse a mi lado.

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